La industria de los videojuegos se enfrenta a un dilema ético relacionado con el uso de la inteligencia artificial. Durante la Game Developers Conference en marzo, Jack Buser, ejecutivo de Google Cloud gaming, presentó la idea de que la IA podría predecir cuándo los jugadores están a punto de abandonar un juego, permitiendo así manipular sus decisiones de manera casi imperceptible.
Este concepto de "hiperpersonalización" ha generado preocupación, ya que se sugiere que la IA podría ajustar la experiencia del jugador para que la mercadotecnia se sienta integrada en el juego. Buser destacó que la tecnología está tan avanzada que puede anticipar la deserción de los jugadores y modificar tanto la jugabilidad como las ofertas en tiempo real.
Las críticas hacia esta tendencia apuntan a que, al depender de métodos que pueden considerarse manipulativos, la industria podría estar sacrificando su integridad. Si los desarrolladores sienten que solo pueden generar ingresos a través de tácticas que parecen adictivas, la esencia de los videojuegos podría perderse, convirtiéndose en meras herramientas de monetización.